Buenos días/tardes/noches a todos, hoy he decidido contar lo más "inusual", hermoso y complicado que me ha pasado hasta ahora, con el simple fin de desahogarme. Soy un macho de 24 años, recién egresado de mi carrera, con una hermosa hija que precisamente hoy, 23 de diciembre, cumple 9 meses de edad.
Todo comenzó en junio del año pasado. Un día viernes, en uno de esos carretes locos de la U en los que pasa de todo, unos amigos me presentaron a una mina que estudiaba allí mismo, pero que sólo conocía de vista. Como típico universitario carretero al que le importa una mierda casi todo, medio ebrio, empecé a tirarle los cortes. Ella, también bajo los efectos del alcohol, me siguió el jueguito y terminamos tirando en mi casa (por suerte, mis papás andaban de viaje). Al lunes siguiente la vi por los pasillos. No me saludó, ni siquiera me miró. Lo más probable, pensé, era que ni se acordara de lo que había pasado, y mucho menos se acordara de mí, así que lo dejé pasar y seguí mi rumbo como si nada. Un mes después, un amigo (el mismo que nos había presentado) me contó que la mina con la que me había ido para mi casa en ese carrete de día viernes, le había contado a sus amigas que estaba embarazada. Conchetumare. Sacando cálculos, pasándome mil rollos, decidí acercarme a ella y preguntarle care raja, preparado para cualquier respuesta. Efectivamente, mis sospechas eran ciertas: "el único posible papá de esta guagua, eres tú", me dijo. Reconchetumare. Debo reconocer que quedé pa' dentro. Había hablado una vez con una mina a la cual conocí esa misma noche, y la embaracé. Qué otra cosa podía hacer, más que aperrar con ella. Nunca se me pasó por la cabeza hacerme el weón; si bien era bueno para el webeo hasta ese entonces, mis viejos siempre me enseñaron que los cagazos había que enfrentarlos como un hombrecito, con los pantalones bien puestos. Le dije que la apoyaría en todo lo que estuviera a mi alcance y que ni cagando la dejaría sola en eso. Me dio las gracias, ya que pensó que tendría que apechugar sola.
Fueron pasando los días, las semanas, y le conté a mis papás. Puta, se alegraron más que la mierda, para ellos era un sueño tener un nieto, y como soy hijo único... Ella por su parte hizo lo mismo, aunque no recibió el mismo apoyo en un principio porque sus viejos creían que iba a congelar, que la guagua iba a ser un impedimento para que terminara su carrera y blablabla, cosa que no fue así. Debo decir, antes de que piensen mal de los abuelos maternos de mi hija, que ahora son los más consentidores de todos.
Bueno, retomando el tema, la relación que tenía con la mamá de mi chiquitita pasó de 0 a 1000. Busqué pega a los días de haberme enterado de que iba a ser papá y todo mi sueldo estaba destinado a ella y a las necesidades que pudiera tener. Nunca me pidió nada, al contrario, cada vez que le pasaba plata me decía que no era necesario, que lo guardara por si a mí me hacía falta algo en la U, pero no, para mí no había nada más importante que su bienestar y el de mi hija, obviamente. Empecé a conocerla mejor, mucho mejor, ya que pasábamos harto tiempo juntos, hablando de la vida, de lo que haríamos luego en el futuro, y de los posibles nombres para nuestra pequeña. Nos convertimos en confidentes el uno del otro, cada vez que ella se sentía mal, fuera por el embarazo o por algún motivo x, yo corría a su casa para consolarla y subirle el ánimo. Lo mismo en el caso contrario.
Llegó el gran día, ese día que me tenía con los nervios de puntas: mi hija nació. Lloré como magdalena, ni yo me la creía; fue el día más feliz de toda mi puta vida.
Por motivos de trabajo y estudio, no tenía mucho tiempo libre en la semana, pero no había día en que no me hiciera un tiempo para ir a verla a su casa, aunque fuera durante mi hora de colación o entre ramos. Al baúl de los recuerdos pasaron los carretes y las minas, ahora mi única preocupación eran ellas dos. Ahí llegaba yo, hecho bolsa por la falta de sueño, pero cada vez que la veía, acurrucada al lado de su mamá, durmiendo como una princesa, se me olvidaba hasta mi nombre. Todos los días llamaba a la casa para saber si estaban bien, si necesitaban algo, si quería que le fuera a hacer compañía, y siempre me respondía con una risita y un tierno "no, estamos bien". No tenía nada que decir de ella, era la mejor mamá, la mejor mujer, la mejor amiga, la mejor en todo. Y fue precisamente uno de esos días, en que yo llegaba a la hora en que mi pequeña estaba durmiendo su siesta junto a ella, cuando me di cuenta de que no sólo me había enamorado de esa pequeñita hermosa, sino que también de su mamá. Esa forma tan tierna que tiene de mirar, sus ojitos, su risa, su madurez, su manera de ser, siempre tan comprensiva y dulce, no sé weón, estoy enamorado hasta las patas y no sé cómo enfrentarlo. Cada vez que la veo pienso que es la mujer que quiero para el resto de mi vida, que me haría el hombre más feliz de todo el planeta y que no pude haberle achuntado mejor al "escogerla" como la mamá de mi pequeña.
Es la 1:50 am, hace una hora llegué a mi casa luego de haber pasado el noveno cumple mes de mi niña en su casa, y no puedo dejar de pensar en lo hermosa que se veían ambas y en el posible fracaso que significaría decirle lo que siento a la mujer que tal vez sólo me vea como su amigo y como el papá de su hija.
Todo comenzó en junio del año pasado. Un día viernes, en uno de esos carretes locos de la U en los que pasa de todo, unos amigos me presentaron a una mina que estudiaba allí mismo, pero que sólo conocía de vista. Como típico universitario carretero al que le importa una mierda casi todo, medio ebrio, empecé a tirarle los cortes. Ella, también bajo los efectos del alcohol, me siguió el jueguito y terminamos tirando en mi casa (por suerte, mis papás andaban de viaje). Al lunes siguiente la vi por los pasillos. No me saludó, ni siquiera me miró. Lo más probable, pensé, era que ni se acordara de lo que había pasado, y mucho menos se acordara de mí, así que lo dejé pasar y seguí mi rumbo como si nada. Un mes después, un amigo (el mismo que nos había presentado) me contó que la mina con la que me había ido para mi casa en ese carrete de día viernes, le había contado a sus amigas que estaba embarazada. Conchetumare. Sacando cálculos, pasándome mil rollos, decidí acercarme a ella y preguntarle care raja, preparado para cualquier respuesta. Efectivamente, mis sospechas eran ciertas: "el único posible papá de esta guagua, eres tú", me dijo. Reconchetumare. Debo reconocer que quedé pa' dentro. Había hablado una vez con una mina a la cual conocí esa misma noche, y la embaracé. Qué otra cosa podía hacer, más que aperrar con ella. Nunca se me pasó por la cabeza hacerme el weón; si bien era bueno para el webeo hasta ese entonces, mis viejos siempre me enseñaron que los cagazos había que enfrentarlos como un hombrecito, con los pantalones bien puestos. Le dije que la apoyaría en todo lo que estuviera a mi alcance y que ni cagando la dejaría sola en eso. Me dio las gracias, ya que pensó que tendría que apechugar sola.
Fueron pasando los días, las semanas, y le conté a mis papás. Puta, se alegraron más que la mierda, para ellos era un sueño tener un nieto, y como soy hijo único... Ella por su parte hizo lo mismo, aunque no recibió el mismo apoyo en un principio porque sus viejos creían que iba a congelar, que la guagua iba a ser un impedimento para que terminara su carrera y blablabla, cosa que no fue así. Debo decir, antes de que piensen mal de los abuelos maternos de mi hija, que ahora son los más consentidores de todos.
Bueno, retomando el tema, la relación que tenía con la mamá de mi chiquitita pasó de 0 a 1000. Busqué pega a los días de haberme enterado de que iba a ser papá y todo mi sueldo estaba destinado a ella y a las necesidades que pudiera tener. Nunca me pidió nada, al contrario, cada vez que le pasaba plata me decía que no era necesario, que lo guardara por si a mí me hacía falta algo en la U, pero no, para mí no había nada más importante que su bienestar y el de mi hija, obviamente. Empecé a conocerla mejor, mucho mejor, ya que pasábamos harto tiempo juntos, hablando de la vida, de lo que haríamos luego en el futuro, y de los posibles nombres para nuestra pequeña. Nos convertimos en confidentes el uno del otro, cada vez que ella se sentía mal, fuera por el embarazo o por algún motivo x, yo corría a su casa para consolarla y subirle el ánimo. Lo mismo en el caso contrario.
Llegó el gran día, ese día que me tenía con los nervios de puntas: mi hija nació. Lloré como magdalena, ni yo me la creía; fue el día más feliz de toda mi puta vida.
Por motivos de trabajo y estudio, no tenía mucho tiempo libre en la semana, pero no había día en que no me hiciera un tiempo para ir a verla a su casa, aunque fuera durante mi hora de colación o entre ramos. Al baúl de los recuerdos pasaron los carretes y las minas, ahora mi única preocupación eran ellas dos. Ahí llegaba yo, hecho bolsa por la falta de sueño, pero cada vez que la veía, acurrucada al lado de su mamá, durmiendo como una princesa, se me olvidaba hasta mi nombre. Todos los días llamaba a la casa para saber si estaban bien, si necesitaban algo, si quería que le fuera a hacer compañía, y siempre me respondía con una risita y un tierno "no, estamos bien". No tenía nada que decir de ella, era la mejor mamá, la mejor mujer, la mejor amiga, la mejor en todo. Y fue precisamente uno de esos días, en que yo llegaba a la hora en que mi pequeña estaba durmiendo su siesta junto a ella, cuando me di cuenta de que no sólo me había enamorado de esa pequeñita hermosa, sino que también de su mamá. Esa forma tan tierna que tiene de mirar, sus ojitos, su risa, su madurez, su manera de ser, siempre tan comprensiva y dulce, no sé weón, estoy enamorado hasta las patas y no sé cómo enfrentarlo. Cada vez que la veo pienso que es la mujer que quiero para el resto de mi vida, que me haría el hombre más feliz de todo el planeta y que no pude haberle achuntado mejor al "escogerla" como la mamá de mi pequeña.
Es la 1:50 am, hace una hora llegué a mi casa luego de haber pasado el noveno cumple mes de mi niña en su casa, y no puedo dejar de pensar en lo hermosa que se veían ambas y en el posible fracaso que significaría decirle lo que siento a la mujer que tal vez sólo me vea como su amigo y como el papá de su hija.
PD: perdón por la extensión, si no lo llegaran a subir, me quedo con la grata sensación de que al menos pude sacarme la espinita que llevaba atravesada en la garganta desde hace meses.
- :') -Tyrion
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Mejores comentarios:
Andrea Iturra Palma Amor a primera guagua
Paola Ivone dile, no seas tonto, tienen una hija que los une de por vida, si ella te friendzonea, tienes una vida entera para conquistarla animo!!